“Cuando san Jorge clava su lanza en el dragón, 
es su caballo y no el dragón, 
quien se desploma muerto” 
(José Lezama Lima)




José Lezama Lima. Cuba. 1910-1976. Qué grande ha sido su obra, su legado. Cada palabra, en verso o en prosa, se desenvuelve poéticamente. Poesía que sacude, que desestructura las nociones convencionales en todo sentido: su lectura nos transforma, aunque ese cambio no pueda expresarse inmediatamente en palabras, en discursos. Su lectura, produce intensamente sensaciones. Sensaciones que se agolpan, que galopean casi que al compás del sistema metafórico, de las imágenes que construye y que juegan con nosotros, sus lectores.

Así es la aventura por Paradiso, novela publicada en 1966. Más que un carrusel una montaña rusa. Emociones encontradas. Emociones complejas, de esas que raramente suscita la literatura comercial, esa para pasar el tiempo. Lezama juega con el tiempo, con el espacio, con la narrativa lineal. Cuenta una historia, sí. Pero su historia se desarrolla en muchos niveles. Cada lector con seguridad tendrá una experiencia íntima, de acuerdo a sus búsquedas, a sus vivencias, a sus referentes.

¿Pero qué es lo que permite que esta obra, como todas la suyas, tenga tal potencial? Entre otros elementos, el concepto de vivencia oblicua.
No se espante con el término. He aquí unas palabras que alientan la búsqueda de sentido, palabras del propio Lezama Lima:
Ni las cosas oscuras lo son tanto como para darnos horror, ni las claras tan evidentes para hacernos dormir tranquilos, lo que cuenta es (…) el eterno reverso enigmático tanto de lo oscuro o lo lejano como de lo cercano o lo claro[1]. 


La vivencia Oblicua, podría entenderse como una forma de engranar, de articular, que se escapa a la lógica aristotélica. Rompe la linealidad, la causalidad cartesiana, para construir articulaciones de sentido en torno a la potencia de la imagen, de la metáfora. Justamente, se produce en la relación de la metáfora (que puede entenderse como una asociación misteriosa) y el reconocimiento de la imagen.

Es la vivencia que crea su propia causalidad. Una causalidad, si se quiere, de sentido. Distanciándose de la articulación convencional de la experiencia: la causa efecto, nos propone una articulación basada en el sentido, en la experiencia sensible, la experiencia poética. Sentidos que se construyen en la relación metáfora-imagen. Por eso:
La imagen, como ya había visto Lezama en las imágenes posibles (1948), sustentada por la vivencia oblicua podía completar la personificación de la metáfora o su papel potenciador en el sistema poético[2].

Es la actuación de lo imposible-incondicionado sobre lo posible, permitiendo la creación de una sobrecausalidad: la causalidad metafórica, que es posibilidad de la imagen.

En esta propuesta el erotismo (casi líquido, luminoso) tiene su lugar. Las imágenes aparecen, traspasando la palabra, para dar cuenta de una realidad en donde no sólo lo sexual, lo carnal, se convierte en cuerpo, superficie erótica o escenario erotizante. Las palabras, articuladas en torno a su sentido metafórico y poético, posibilitan la experiencia erótica. Es la experiencia que se intuye. Las palabras y las imágenes que éstas construyen, bordean una emoción. El no nombrarla explícitamente, la hace surgir con potencia. Su presencia se grita desde el silencio, desde lo no dicho:
Dos Reverencias protesta del grito puesto al lado de la mirada, pero si se le habla de la lentitud sexual de la conjugación, penetra contentado en la dinastía de los dragones azules[3].
La mujer que despaciosamente abría y alineaba la boca como extraída de la resistencia líquida, con las pequeñas escamas que le regalaba el sudor caricioso[4].

Juego de imágenes del cuerpo que traspasa lo posible para posicionarse como incondicionado. Sentidos, sensaciones que se articulan para dejar en uno -lector a veces desprevenido- una molestia inicial: ¿por qué no me hablas como todo el mundo? Para luego sonreír con la certeza de que algo, algo exclusivo, ha llegado a nuestras vidas. Imágenes, emociones que perduran. Se renuncia a la explicación cartesiana, a la causalidad lineal, para vivenciar otra dimensión: la de la imagen.

BIBLIOGRAFÍA
González Cruz, Iván. Antología para un sistema poético del mundo de José Lezama lima. Valencia: España. Universidad Politécnica de Valencia, 2004.
Lezama Lima, José Paradiso. Cuba. Letras Cubanas, 2006.
Valcárcel, Eva. La vivencia Oblicua, fragmentos sobre una lectura de Lezama Lima. En: Anales de Literatura Hispanoamericana. pp. 1255-1263. Madrid. Universidad Complutense de Madrid, 1999.



[1] En: Álvarez, Bravo, 1964.
[2] En: González, 2004. LXXXIII
[3] Lezama Lima, José. 2006. 64.                          
[4] Lezama Lima, José. 2006. 62